sábado, 21 de julio de 2012

Gritos de independencia


20 de julio de 2012

Por estos días, en los cuales se cumplen 202 años del grito de independencia del 20 de julio de 1810, y en que se acerca un nuevo aniversario de la victoria final sobre las tropas realistas, del 7 de agosto de 1819 en Boyacá, algunos colombianos celebran con devoción religiosa la victoria del ejército liderado por Simón Bolívar, un criollo venezolano, terrateniente, adinerado y culto, como un símbolo insigne de la causa revolucionaria y la lucha por la libertad.

Mientras tanto, esos mismos colombianos, con el corazón – comprensiblemente – contrito y la razón enceguecida, se solidarizan con el soldado cuyo rostro bañado en llanto ocupó durante días las primeras planas de los periódicos del país, y se encolerizan con la masa desordenada de indígenas mal armados, “incultos” y pobres, que cansados de siglos de indiferencia estatal y de violencia y abusos provenientes de los más variopintos y brutales agentes, decidieron expulsar de su territorio a todos los actores armados capaces de generar violencia en sus tierras,  en un esfuerzo desesperado por defender sus derechos, su vida y su libertad.

Concluyen, esos colombianos, que esa masa informe de indígenas revoltosos en el departamento del Cauca, no es nada distinto a una expresión más del bandidaje terrorista que atenta contra la tranquilidad general, supuestamente conquistada durante el reinado de Uribe.

Lo cierto, sin embargo, es que detrás de la deformación de nuestra historia, la cual retrata la guerra por la independencia como una auténtica gesta revolucionaria y libertadora, se esconde una negra realidad: el grito de independencia del 20 de julio de 1810, así como la causa libertadora que le siguió, proclamó una junta de autogobierno que, invocando su obediencia al rey de España, por ese entonces cautivo de la Francia napoleónica, simplemente pretendía defender sus aspiraciones económicas y políticas, sin que en el fondo hiciera un llamado a liberar al pueblo colombiano.

La guerra de independencia fue en realidad, una batalla por la sustitución de una elite dominante por otra, ejemplificando la que sería más adelante una de las tesis más connotadas de Caetano Mosca; fue un proceso transitorio de suplantación de la oligarquía hispánica por la oligarquía neogranadina, valiéndose de la fuerza física y guerrera de campesinos, negros, mulatos, mestizos e indígenas, hipnotizados y adoctrinados por la ilusión de una vida libre y mejor, la cual en la mayoría de casos nunca llegó.

Y aunque después de la independencia los esclavos fueron liberados, las condiciones que los rodeaban los forzaron a volver a las minas de oro a vender su fuerza de trabajo por un sueldo irrisorio; los indígenas perdieron sus tierras y los campesinos volvieron a trabajar la tierra de sus antiguos o nuevos patronos, en un sistema económico de naturaleza semifeudal que se prolonga aún hasta nuestros días, siendo el departamento de Cauca el ejemplo perfecto.

En suma, la guerra de independencia, vista por muchos como la más grande gesta libertadora, fue en realidad una guerra de suplantación de la clase dominante, con la perpetuación del estado de injusticia existente en lo referente a las clases bajas, morigerado por las ley de libertad de vientres y por la implantación de una instituciones republicanas que, sin embargo, nunca lograron quitarse de encima la mancha de la corrupción.

Si se reflexiona sobre el grado de libertad alcanzado por las clases desfavorecidas antes y después de la independencia, bajo el concepto de libertad positiva de Amartya Sen, en contraposición a la libertad entendida como no interferencia, es forzoso concluir que el avance en la conquista de la libertad fue mínimo. Según Sen, la libertad positiva tiene una relación directa con las capacidades de los individuos. Así, por ejemplo, de nada vale tener derecho al voto si no se tienen medios económicos para ir al lugar en el que están ubicadas las urnas; o de nada vale tener derecho a la educación, si no se tienen los medios económicos para acceder al colegio o la universidad. Ser libre requiere, en esencia, contar con la capacidad formal y material de ejercer la libertad.

Ni siquiera en el plano de lo político podría hablarse de avances significativos. Las mujeres siguieron sin tener derecho al voto hasta muy entrado el siglo XX, el cual les fue concedido por razones de conveniencia política a mediados de siglo; los indígenas y negros siguieron siendo vistos por décadas, aún hasta nuestros días, como subhumanos; las clases bajas siguieron sin tener acceso a educación de calidad, aún hasta hoy; y los desposeídos de siempre siguieron sin tener acceso a las condiciones mínimas que requiere el desarrollo pleno y autónomo de la individualidad humana, tales como servicios públicos o un sistema de salud de alta calidad.

El grito de independencia de los indígenas del Cauca es diferente. Tiene en el trasfondo un reclamo legítimo ante el abandono e inoperancia del Estado y ante la violencia guerrillera, pero es sobre todo un llamado a la liberación de toda forma de dominación violenta, es un llamado al autogobierno pacífico; es un llamado a la superación del orden existente, plagado por la brutalidad, la indiferencia y la violencia, y a la sustitución por uno más humano y pacífico.

En ese contexto, los machetes al aire, los golpes y la arena lanzada sobre los soldados de Colombia son un grito desesperado de indignación; son el golpe lánguido de una comunidad que ha soportado siglos de olvido, dolor y violencia, con la complicidad silente de muchos de nosotros. Esas acciones son deplorables, pero son en realidad una forma de llanto; son una muestra de dolor. Y frente a ese dolor, debemos tener, por lo menos, algo de compasión.

No digo que el grito de independencia de los indígenas del Cauca de julio de 2012 sea mejor o peor que el del 20 de julio de 1810; sólo digo que son diferentes, y que, en el fondo, la preocupación por la libertad, la paz y el progreso humano, es más latente y auténtica en las peticiones, reclamos e indignación del pueblo Nasa que hemos venido presenciando durante las últimas semanas, que en el grito de independencia de 1810.

sábado, 30 de junio de 2012

Separación de poderes y el poder constituyente de los mandos medios


30 de junio de 2012

La tormenta política de los últimos días nos invita a hacer una reflexión sobre el rol de los mandos medios en el proceso legislativo y constituyente. Quienes han trabajado con el gobierno conocen de sobra el poder que en determinadas circunstancias tienen los mandos medios en el proceso de construcción normativa. En ese proceso es común verlos sirviendo de alfiles de los ministros en el Congreso, realizando actividades de negociación, concertación y redacción de normas. El caso de la reforma a la justicia, por supuesto, no fue la excepción:

Carolina Deik es una joven abogada de la Universidad Javeriana, con una historia académica casi legendaria. Quienes la conocen dicen que se graduó del pregrado con uno de los promedios ponderados más altos en la historia de la institución; después trabajo con éxito en la firma de abogados de uno de los juristas más prestigiosos del país; y posteriormente fue admitida y becada por la Universidad de Harvard,  en donde cursó una maestría en leyes. Después regresó a Colombia con la intención de servirle al país.

No se imaginaba la señorita Deik lo que el destino le tenía reservado: en uno de los momentos críticos de la historia del país, tuvo ella que servir como punta de lanza del Ministro de Justicia en el proceso de concertación con el Congreso del Acto Legislativo por el cual se reformaba la justicia en Colombia. Tengo la seguridad de que la señorita Deik debió trabajar en ese proceso con total desprendimiento personal, sin intereses mezquinos, y con el único fin de servirle a su país y a su jefe, el Doctor Esguerra. Y sin embargo, la prensa le ha caído encima y ha pretendido mostrarla como uno de los actores responsables de la reciente hecatombe. Injusta e infame acusación.

Los mandos medios, como la señorita Deik, se ven enfrentados en este tipo de procesos a las siguientes presiones:  primero, la presión de sus jefes, quienes esperan de ellos resultados, y quienes por su parte le deben resultados al Presidente de la República; es decir, tienen encima la presión de los ministros y vice-ministros, y a su vez sienten de forma directa o indirecta, la presión del Presidente de la República. Segundo, la presión del tiempo, toda vez que los trámites legislativos y las reformas constitucionales de temas muy complejos y variados deben salir todos en el menor tiempo posible debido a la presión del gobierno y al régimen de los periodos de sesiones ordinarias del Congreso.

Tercero, la presión de la opinión pública, debido a que los temas en los que trabajan son, muchas veces, temas de gran impacto e interés nacional. Cuarto, la presión de congresistas de toda clase. Los corruptos, por regla general, son los más afables, los más queridos, los más zalameros. Tratan a los mandos medios de “muchacho”, “muchacha”, “niño” o “niña”; los abrazan con sus manos manchadas por conductas reprobables; los tratan con lambonería y con una falsa consideración; forcejean con ellos, y, por supuesto, se valen de su cargo y de sus votos para presionarlos. Es el caso de Merlano con los policías de tránsito, pero llevado al proceso legislativo o constituyente.

Pero el proceso de concertación legislativa y constituyente es mucho más complejo que la imposición de un parte por una infracción de tránsito. En el camino, los mandos medios en ocasiones deben ceder, conciliar y dar concesiones para poder avanzar en los puntos verdaderamente importantes de los proyectos que deben impulsar. En política, las posiciones absolutas no valen de nada. Así no se legisla ni una coma.

Quinto y último, los mandos medios se enfrentan en ocasiones a la ineptitud o desinterés de muchos congresistas en el proceso legislativo o constituyente. Así, con la intención de que los proyectos salgan adelante y queden bien hechos, los mandos medios terminan haciéndole la tarea a los congresistas,  escribiendo por ellos las normas y/o reformas a la Constitución; convirtiéndose así, sin siquiera darse cuenta, en constituyentes o legisladores, y en  sus secretarios o secretarias: "A ver mijo(a), anote..."

Y en este punto resulta lógico preguntarse: ¿cuál es el rol que realmente deberían cumplir los mandos medios en este proceso? ¿por qué razón termina un funcionario de cualquier ministerio redactando el Acto Legislativo o la ley, según el caso, que va a ser expedido por el Congreso de la República? ¿Será que el Congreso no está haciendo lo que le corresponde? ¿Hasta dónde la rama ejecutiva está llamada a cumplir esa función de co-redacción de normas una vez ha agotado su facultad de iniciativa legislativa? Y finalmente, ¿qué deberíamos esperar de los mandos medios en casos como el  de la reforma a la justicia, en el cual algunos de los acuerdos incluidos en el Acto Legislativo tanto indignaron al país? 

¿Realmente deberíamos esperar que los mandos medios salieran a hacer declaraciones públicas a los medios de comunicación, denunciando lo que fue concertado o se pretende concertar, en caso de que no les guste? ¿Deberíamos esperar que ellos llamen al Presidente de la República, pasándose por encima a su jefe (en quien, por demás, ellos confían), para denunciar algo con lo que no están de acuerdo? Más allá del deber de denunciar las conductas delictivas de las que tengan conocimiento, en desarrollo del deber que tiene todo servidor público de hacerlo, ¿hasta dónde deberían ejercer ese papel de guardianes de la Constitución y la ley que los medios de comunicación les están exigiendo?

Si bien es claro que los mandos medios le deben fidelidad a la Constitución, la ley y la ciudadanía, también es claro que dentro de la estructura de poder los mandos medios terminan siendo, hasta cierto punto, como leños arrastrados por el rio. ¿Hasta dónde podemos culparlos? ¿Acaso no son sus jefes los responsables políticos de las decisiones y acuerdos que haga el gobierno con el Congreso? 

Tal vez sea hora de repensar el esquema de las relaciones entre el Congreso y el Ejecutivo, para que cada uno haga lo que le corresponde, sin interferir indebida o innecesariamente en la esfera de competencia del otro, y de reconocer que el señor Esguerra ya pagó el precio de sus equivocaciones como responsable del Ministerio de Justicia. Deberíamos dejar a la señorita Deik en paz.

cenciso@camiloencisoabogados.com 












martes, 26 de junio de 2012

La presidencia supraconstitucional


La presidencia supra constitucional

26 de junio de 2012

El hundimiento del Acto Legislativo aprobatorio de la mal llamada reforma a la justicia es insuficiente para conjurar sus efectos perversos. Al igual que un aborto no desaparece al feto sino que le da muerte, el aborto constitucional ideado por el gobierno y algunos arrepentidos congresistas no hace desaparecer del mundo jurídico el Acto Legislativo.

Aquel ya nació a la vida jurídica, independientemente de que sea publicado o no por el gobierno, ya que lo que exige la Constitución es la publicación del proyecto después del primer periodo de sesiones ordinarias... Tal como lo anota Pedro Medellín en su columna de hoy en El Tiempo, un juez de la república que falle en derecho tendría que ordenarle al Presidente de la República la publicación del Acto Legislativo si así se lo requiriese un ciudadano por medio de una acción de cumplimiento.

La Constitución dice que la reforma será publicada por el gobierno. No dice que será promulgada por el gobierno. Es decir, según la Constitución no debe haber por parte del gobierno una refrendación de la validez de la reforma desde un punto de vista sustantivo, tal como sí ocurre con las leyes por medio de la promulgación. El gobierno, según la Constitución, debe limitarse en los casos de aprobación de los Actos Legislativos a publicarlos; es decir, incluirlos en el diario oficial e imprimirlos, para que los ciudadanos puedan conocerlos.

Pero el gobierno sostiene algo distinto: el gobierno afirma que tiene el poder (y el deber) de objetar el Acto Legislativo de la reforma a la justicia por diversas razones. El éxito de esa objeción depende de que la ciudanía, las Cortes y el Congreso acepten la nueva doctrina constitucional propuesta por el gobierno, la cual puede resumirse así: el Presidente de la República tiene el derecho y el deber de objetar las modificaciones a la Constitución hechas por el constituyente derivado por razones de inconveniencia y/o de inconstitucionalidad.

Esa doctrina constitucional tiene una serie de implicaciones y consecuencias monstruosas, que hacen pensar que la cura puede ser mucho más grave que la enfermedad. Primero, la doctrina descrita convierte al Presidente de la República en una especie de Supraconstituyente. Por un lado, lo faculta para poner límites al constituyente derivado (es decir al Congreso en el ejercicio de su actividad constituyente) por razones de inconveniencia y/o de inconstitucionalidad, sin que exista un límite razonable sobre el ejercicio discrecional de ese derecho/deber.

Por otro lado, todavía más grave aún, contiene el germen de una idea perversa y potencialmente criminal: el Presidente es el depositario último de la voluntad general, el Presidente es la voz del pueblo, el Presidente es el guardián de la Constitución, el Presidente es la Constitución. Y no estoy hablando del Presidente Santos. Estoy hablando de cualquier gobernante que ocupe el solio presidencial.

Segundo, con base en lo anterior, la doctrina constitucional exacerba el poder del Presidente de la República en un país en el cual de por sí el ejecutivo controla todo o casi todo: la burocracia, el Congreso, los medios de comunicación, etc. En Colombia, al igual que en la mayoría de los países con sistemas de gobierno presidenciales, el que gana las elecciones, gana todo. No hay puntos medios. A la oposición le quedan pocas alternativas: resistir y sucumbir o ceder y aferrarse a la vida.

Tercero, podría servir de plataforma a otra idea igualmente monstruosa: el Presidente no sólo puede objetar las iniciativas del constituyente derivado, sino que también puede objetar las iniciativas del constituye primario (es decir del pueblo). Ni artículo 375 de la Constitución ni la Ley 5 dan al Presidente la facultad de objetar un Acto Legislativo. Y sin embargo, la doctrina constitucional impulsada por el gobierno está tomando forma y abriéndose camino. Ahora bien, si la doctrina constitucional señalada se abre paso, no se ve por qué  razón - bajo su particular propuesta de hermenéutica jurídica - el Presidente de turno no podría objetar también una reforma constitucional aprobada por el constituyente primario.

Cuarto, al convertir al Presidente en un Supraconstituyente la doctrina constitucional del gobierno lo pone, en la práctica, en un escalón que está por encima del derecho y que incluso le trasciende. El Presidente se convierte, en suma, en la encarnación de la ley; está sobre ella y es ella. El Presidente se convierte así en el soberano retratado por el Leviatán de Hobbes; lo que Uribe siempre quiso ser, sin lograrlo.

Es posible suponer que las consecuencias descritas arriba no sean las deseadas ni perseguidas por el Presidente Santos, pero en manos poco escrupulosas el poder Supraconstituyente que se desprende de la doctrina constitucional ideada por su equipo jurídico podría propiciar una explosión de golpes funestos a nuestra democracia.

Finalmente, el Acto Legislativo aprobado por el Congreso con la aquiescencia del gobierno es un tumor maligno enquistado en el seno de nuestra Constitución que difícilmente podrá ser extraído, y que, con cirugía o sin ella, podrá degenerar en la más grave y horrenda descomposición política y legal.  Sin embargo, es justo reconocer que en esta hora aciaga de la historia constitucional del país, pocas alternativas le quedaban al gobierno. Cualquiera de las alternativas lo llevaban a avalar alguna forma de suplantación constitucional, enfrentándose a lo que los filósofos políticos llaman “dirty hands dilemma”: entre dos males, el gobernante debe elegir el menor… o al menos intentarlo.



domingo, 24 de junio de 2012

La quimera de la justicia


La quimera de la justicia
24 de junio de 2012

Juan Carlos Esguerra pagó cara su inexperiencia política: tiró por la borda una carrera brillante como jurista en unas cuantas semanas de turismo constitucional. Quien juró defender la Constitución y la ley como Ministro de Justicia, acabó por ser cómplice, tal vez sin quererlo, del mayor atentado jurídico sufrido por la Constitución Política de 1991 y por nuestro Estado Social de Derecho.

Pero el señor Esguerra renunció a su cargo como Ministro tan pronto se desató la tormenta; lo mínimo que debía hacer tras el anuncio del Presidente de su intención de objetar el Acto Legislativo aprobado por el Congreso, el cual contó con el aval explícito del Ministro. Con dicha renuncia Esguerra asumió su responsabilidad política por el fiasco de la reforma. Lo propio deberían hacer Simón Gaviria con la Jefatura del Partido Liberal y con la Presidencia de la Cámara de Representantes, y Juan Manuel Corzo, Presidente del Senado.

Dejando la inconmensurable responsabilidad de Corzo de lado por ahora, es inaceptable que Simón Gaviria haya consentido en aprobar la Reforma a la justicia sin siquiera leerla. Gaviria ha hecho otras cosas bien: en un país con pocos líderes, ha liderado; en un país sin partidos, ha buscado fortalecer el suyo; en un Congreso muchas veces irreflexivo, ha puesto puntos de discusión valiosos sobre la mesa. Sin embargo, el error cometido es inaceptable.

Como consecuencia del Acto Legislativo aprobado por el Congreso, el cual contó con la expresa aprobación de Esguerra después de la conciliación del texto final y con la firma de Simón Gaviria, el caos constitucional, legal y litigioso es inminente. La endeble salida legal que encontró el equipo de gobierno para detener el esperpento constitucional aprobado por el Congreso, no resiste el menor examen jurídico.

La Constitución es clara al decir que ésta podrá ser modificada por medio de Acto Legislativo expedido por el Congreso de la República. Según el artículo 375 constitucional “El trámite del proyecto tendrá lugar en dos periodos ordinarios y consecutivos. Aprobado en el primero de ellos por la mayoría de los asistentes, el proyecto será publicado por el Gobierno. En el segundo periodo la aprobación requerirá el voto de la mayoría de los miembros de cada cámara”.

La norma mencionada no da al Presidente la facultad de sancionar el Acto Legislativo. Por el contrario, obliga al Gobierno a publicar el proyecto que haya sido aprobado en el primer periodo, sin imponer la necesidad de publicar el proyecto aprobado durante o al finalizar el segundo periodo. A primera vista parecería que el malabarismo jurídico usado por el Presidente no es suficientemente fuerte.

Si la interpretación acá propuesta es correcta, eso significaría que con la sola aprobación realizada por el Congreso del Acto Legislativo, el cual ya tiene las firmas de los presidentes de cada Cámara, empiezan a funcionar las reglas de juego, con independencia de su nueva publicación por el gobierno, y sin importar su contra ataque.

A pesar de todo, es posible que el gobierno logre darle un manejo político a la situación y que efectivamente logre devolver el Acto Legislativo para una nueva revisión en el Congreso, pero las consecuencias no se harán esperar: los abogados de los parapolíticos, los parlamentarios investigados, los ex funcionarios del gobierno de la era del terror, y muchos otros hampones de la peor ralea, engrasarán sus cañones y apuntarán toda su artillería, caso a caso, contra la competencia de las instituciones que juzgan a sus clientes, contra la Corte Suprema de Justicia y contra cualquier funcionario que se abstenga de aplicar las nuevas normas aprobadas por el Acto Legislativo.

Esos funcionarios serán denunciados penalmente por prevaricato, por fraude procesal, por falsedad documental, por delitos y conductas que aún ni siquiera podemos imaginar. Los funcionarios terminarán empapelados; vendrán recusaciones, impedimentos, tutelas y prescripciones; y culminarán con la perpetuación del reinado impune y renovado del país político, tan claramente retratado por Gaitán.

Los responsables de este desolador panorama deben responderle al país, a su electorado y a sus partidos. Deben dar la cara, dar explicaciones y renunciar a sus altas dignidades, ya que han demostrado no merecerlas, ni siquiera por un día más.



domingo, 28 de noviembre de 2010

Manifiesto

20 de diciembre de 2005

“¿En qué patria puede tener un hombre
más orgullo que en nuestras
repúblicas dolorosas de América?”
José Martí


¡América Latina, después de largos siglos de soportar la opresión y la tiranía, se enfrenta a la hora decisiva! ¡América Latina, inicia un asalto a la historia!

La izquierda de nuestro continente -indio, mulato, negro y mestizo- por fin está en posición de ocupar las más altas cumbres del poder político que quepa imaginar. Como una escuadra de alfiles y caballos de batalla, los movimientos de la izquierda de América Latina enfilan su mirada a la conquista pacífica y democrática de los puestos de comando y de transformación política de los Estados a los que pertenecen.

Sin embargo, esta cercanía inédita y nunca antes vista con el poder, coincide, paradójicamente, con una incertidumbre ideológica y conceptual acerca del papel histórico que la izquierda democrática del hemisferio está llamada a cumplir.

Por lo tanto, la intelectualidad de la izquierda se enfrenta a la necesidad histórica de revalidar las formas de pensamiento revolucionario; de convertirse en la vanguardia transformadora de los anhelos del pueblo latinoamericano; y de encontrar nuevas salidas a las desigualdades e injusticias sociales creadas bajo un orden global imperial e imperialista, cimentado sobre los valores de la dominación, la codicia y la exclusión.

Ante esta necesidad, el Instituto de Pensamiento Político Alternativo se constituye en un espacio ideológico de discusión de todas las fuerzas de la izquierda de Colombia y de América Latina, y especialmente, de sus sectores juveniles, teniendo como objetivo principal, la preparación ideológica de la futura dirigencia del continente; y la abolición de la onolatría rampante que hoy tiene consumida a nuestra nación.

Camilo Enciso
Carlos Benavides
Carolina Sánchez
Grenfieth Sierra
Abraham Katime

La sombra de Catilina

26 de julio de 2008

La sombra de Catilina se cierne sobre la República. Es una sombra turbulenta, nebulosa, fantasmagórica, que confunde a los espíritus…Promete seguridad bajo su ala protectora, pero en el momento menos esperado retuerce su vientre, se enrosca y asfixia hasta la muerte a quienes se le acercan. Promete seguridad, pero a los que permanecen lejos siempre los alcanza con sus dardos venenosos, los arrastra al vacío, los engulle con su maquinaria homicida.

La sombra de Catilina se cierne sobre la República. Es una sombra negra, impenetrable, asquerosa. Como una baba inmunda ha penetrado todas las instituciones, todos los pilares, todos los cimientos de la democracia. A todos los ha manchado con su escupitajo mafioso y ruín. Todo ha sido manchado, degradado, vituperado. Todo ha sido humillado por las cínicas carcajadas de la sombra de aquel que se cree intocable, superior, inmortal, eterno. Todo ha sido pisoteado por la sombra de aquella vergüenza de la democracia, de aquel cinismo de la corrupción, del nepotismo, del clientelismo.

La sombra de Catilina se alza inmarcesible sobre la República. Y la masa deglute tranquila, apacible, culpablemente ignorante de la realidad subrepticia frente a la cual cierra los ojos, y prefiere no ver que la República peligra, que todo aquello que alguna vez ha considerado sagrado y valioso está al borde del abismo, y que a una palabra de Catilina, todo quedará reducido a pedazos, y todas las libertades, todas las conquistas, todos los derechos adquiridos con la sangre de muchos, arderán bajo el fuego impuro de la dictadura.

La sombra de Catilina avanza implacable, y nadie parece tener la autoridad moral para contenerle. Solo las Universidades, bastión moral del Mundo pueden levantar la voz. ¿Qué harán ahora? ¿Callar? ¿Bajar la cabeza humillada ante la destrucción de las instituciones sagradas? ¿O alzarán la cabeza encendida por la furia ante la osadía de Catilina que amenaza con la destrucción de la democracia? Solo los estudiantes, óxigeno espiritual de la pureza humana, pueden tirar la primera piedra. ¿Qué harán ahora? ¿Ser inferiores a las circunstancias? ¿Reducirse a la condición de receptores acríticos de la información del régimen? ¿O levantarán la voz inflamada por la rabia exigiendo el respeto de la división de poderes, el respeto de las altas cortes, el respeto de la Constitución, el respeto de la voz del pueblo?

Jóvenes, el futuro está en sus manos. A la carga.

El socialismo venezolano desde adentro

17 de enero de 2007

En el Teatro Teresa Carreño se congrega por la tarde una multitud. Todos usan camisetas y gorras rojas. Todos corean cánticos a favor de su presidente Hugo Chávez Frías. Se han reunido allí para asistir a la reunión convocada por Chávez en la cual va a pronunciarse sobre el nuevo proyecto de fortalecimiento del poder comunal, que tiene por objetivo descentralizar fuertemente la toma de decisiones administrativas.

Es temprano aun. Bajo con mis anfitriones a tomar un par de cervezas a un bar que se encuentra cerca de allí. Todos son chavistas. Les pregunto con interés por el golpe de Estado del 11 de abril de 2002 que dio la oligarquía venezolana, en conjunción con la CIA y agentes del ejército en contra del presidente legítimamente constituido. Tan pronto hago la pregunta sus ojos se llenan de fuego y empiezan a narrar todo lo que conocieron de esos sucesos como si fuera la gesta más heroica de la historia de la humanidad. No es para menos. Estos hombres se jugaron la vida en esos días terribles en que los golpistas habían preparado a francotiradores armados para disparar contra el pueblo con la intención de echarle la culpa a Chávez y justificar el golpe de Estado.

Cuando terminamos de tomar la tercera cerveza, y dan las nueve de la noche, salimos….
Chávez ya lleva un par de horas hablando.

Tomo el metro y al llegar al hotel, enciendo el televisor y el presidente sigue hablando. Su tono es muy pausado, pero vivo y enérgico. Habla como un maestro. Chávez pretender ser un profesor para el pueblo venezolano. Uno creería que sus largas diatribas terminan por aburrir al auditorio… Pero la verdad es que pasan los minutos, las horas, y su intervención es cualquier cosa menos aburrida. Todos los miembros del auditorio lo aplauden, llenan de vítores el teatro cada vez que su presidente dice algo que les gusta. Cuando dice que algún día se quedará solo todos los presentes claman al unísono: “nooo”.
En el auditorio hay más de 2500 personas.

Pide un aplauso para Fidel Castro. El auditorio entero lo aplaude. “Fidel Castro es uno de esos hombres que nunca morirá”, dice.

Dice que en Venezuela se va a construir el socialismo.

Avisa que se va a construir el Partido Socialista Unido de Venezuela. La gente se pone de pie, no lo dejan seguir, lo aplauden…. Pasan 30 segundos… la ovación sigue. Por fin cesa. Y Chávez dice que él y su movimiento van a construir “un tremendo partido socialista”. Añade que el “proyecto socialista, el proyecto Simón Bolívar” debe salir adelante, y que ese partido debe cumplir con la tarea revolucionaria de un verdadero partido socialista.

Chávez dice que el proyecto socialista de este nuevo gobierno se va a construir sobre el supuesto de sacar adelante las siguientes ideas:

(i) Ley habilitante,
(ii) Ley constituyente de la reforma,
(iii) La educación popular en todos los espacios, en todos los lugares, moral y luces.

Después Chávez empieza a tomar el pelo. La gente se muere de la risa. Cuenta anécdotas de su familia.

Dice que cuando era pequeño le enseñaban con juegos cuáles eran las carabelas en las que había llegado Colón a América, pero luego él le pregunta al pueblo cómo se llamaban los barcos en los que llegó Miranda para liberar Venezuela, y todo el mundo guarda silencio. El silencio deja en evidencia su punto. Después dice que el proyecto chavista se basa en la moral y luces.

Una señora se pone de pie y empieza a arengar y a quejarse ante Chávez de quién sabe que cosa. No se alcanza a oír qué dice la señora. A continuación Chávez le hace un llamado de atención a la señora y le exige disciplina revolucionaria a ella y al pueblo, y dice que el camino para solucionar esos problemas es el fortalecimiento del poder comunal. Utiliza lo ocurrido en su favor para señalar que él no es todo poderoso y que eso lo deben resolver las autoridades locales.

(Mi padre, quien está a mi lado viendo la transmisión, me cuenta que Chávez mandó imprimir 500.000 ejemplares de los miserables y se los regaló al pueblo; mandó hacer copias de la espada de Bolívar y le entregó replicas a Ortega y a Correa en Ecuador; a Fidel le mandó una de regalo)

Chávez continúa su discurso y habla de un tercer motor del socialismo en Venezuela que es la educación. Educación, moral y luces, es la consigna, en todos los lugares.

Cuarto motor: construir una nueva geometría del poder. Pregunta ¿cómo está construido el poder sobre el territorio nacional y cómo debería estarlo? Les pide a sus ministros especial atención sobre ese tema. Pone como ejemplo el territorio de Apure, en el cual no hay autoridades, no hay poder comunal, no hay nada. Es necesario que la mano del Estado y el poder del pueblo llegue a todos esos espacios vacíos. Dice que “Es fundamental que pensemos en una Venezuela que por desgracia NO sentimos”.

No deja de causar curiosidad ver entre los presentes muchos hombres y mujeres emperifollados, que a todas luces tienen “cara” de burgueses. Pero ellos también aplauden al presidente Chávez.

Un paréntesis: he olvidado decir que el motivo que convoca la reunión es el Acto de juramentación del Consejo Presidencial para la Reforma Constitucional y del Consejo Presidencial del Poder Comunal, desde la sala Ríos Reyna, del Teatro Teresa Carreño.

Plantea ahora un proyecto de construcción de Ciudades Federales construidas con criterios socialistas y autosostenibles. Lo hará en territorios federales. Dice que va a construir esas nuevas ciudades con criterio socialista, que va a ser la Gran Caracas: la Caracas Bolivariana. Para hacer una ciudad federal se requiere hacer un referéndum con la población del territorio para ver si aprueba la construcción de la ciudad. Apoya su afirmación en la Constitución. Desde que empezó su intervención Chávez no ha soltado la Constitución ni un segundo. La cita e interpreta a cada minuto.

Pero entonces dice que esos territorios están deshabitados. ¿Entonces a quién le van a consultar si están deshabitados?, pregunta Chávez. Plantea crear 15 territorios federales. Y plantea que esos territorios después de federales tienen que pasar a constituir poderes comunales.

Chávez dice que todos los motores constituyentes son tributarios o convergen sobre el motor principal que es la explosión revolucionaria del poder comunal de los consejos comunales. Ese es el quinto motor.

En ese momento el presidente le pregunta al pueblo hasta qué hora van a estar ahí trabajando. Son las 10:15 pm. La gente dice que no importa. Que siga. Entonces Chávez pide un pizarrón para mostrar algunas de sus ideas.

Como ejemplo de las responsabilidades del poder comunal pone el de una señora pobre que vive en frente de una acomodada y ésta última le pasa por el lado como si la cosa no fuera con ella. Y dice “no, eso es responsabilidad del poder comunal”.

Después de eso, Chávez cuenta una anécdota adicional y cita a Fidel. Y dice que Fidel después de una asamblea en la que observó cómo toda la gente le pedía soluciones para sus problemas particulares, le dijo ese día: “Chávez no puede ser alcalde de toda Venezuela”. Pero dice que eso no tiene que ser así. Porque los que deben solucionar los problemas son los grupos comunales y el pueblo.

En este punto Chávez dice que va a firmar un decreto. Es el tercero que firma públicamente a lo largo de su intervención. El decreto es el 5239 por el cual se crea el Consejo Presidencial del Poder Comunal. Explica la extensión, contenido e importancia del decreto.

Esos consejos comunales no estarán sometidos a ninguna gobernación, alcaldía o partido. Pero sí deben respetarlos, y en lo necesario trabajar en solidaridad, cooperación, etc., con esas autoridades.

Cita a Bolívar todo el tiempo. Explica que los cambios no son inmediatos. Que todos los cambios se deben hacer con paciencia. Cita a Bolívar: “Paciencia y más paciencia”.

Tiene otra idea. Poner arriba del Cerro que está al lado del Golfo de Venezuela una gran estatua de Bolívar que dé la Bienvenida a la nueva Suramérica unida.

Habla de los Bancos Comunales que fueron creados, y dice que va a crear más de esos Bancos Comunales.

A continuación presenta a todos los integrantes del consejo del poder comunal. Está formado por varios ministros y personalidades. Las hay de todas las edades, razas, y contexturas. Hay indígenas, mestizos, etc. Habla de los pueblos indígenas. Y dice que a ellos se les facilitará más que a todos el tránsito al socialismo, y que dichas comunidades se deben tomar como ejemplo para el tránsito a la vida comunitaria.

Dice que en el nuevo poder comunal se deben demoler los antiguos valores del individualismo capitalista, y deben primar los nuevos valores de la solidaridad; los valores de Cristo.

Se pone de pie y levanta un pizarrón en el que hay un montón de dibujos y garabatos. Cual maestro de escuela con férula en mano empieza a enseñar la “lógica” con la que funcionará el nuevo poder comunal.

Pasa otra media hora de discurso. Son las once de la noche. Algunos líderes cansados empiezan a salir del auditorio. Chávez los llama y le pide disciplina. Les dice que “cuando uno se mete a esto, uno se mete a esto”. Les dice que si hacen falta cinco horas más se quedan cinco horas más. Todos lo aplauden. Les pide a los líderes que den el ejemplo de desprendimiento. Les dice que los líderes no tendrán sábado ni domingo, que un líder debe ser capaz de ir a la cruz como Cristo.

Un poco tiempo después la sesión termina. Apago el televisor y me voy a dormir recordando una de las oraciones pronunciadas por Chávez esta noche:

“Hay que actuar con amor, como hermanos, con amor, eso es el socialismo… generosidad, desprendimiento, eso es ser revolucionario, eso es ser cristiano…. si no, todo es mentira”. “si le sobra a sus hijos hay que compartir, enseñarle a los hijos a compartir, darle un carrito que le sobra al que no tiene nada… para educar al hombre nuevo. … para combatir la falta de amor, para promover el humanismo, para demostrar que tenemos por dentro un alma y que somos capaces de amar.” “solo así seremos una patria grande por sus valores, por sus luces, por su pueblo...” “vamos a hacerle la guerra a la ambición, al capitalismo salvaje”
Mientras ingreso en el submundo del sueño, me pregunto sin cesar si este hombre será sincero o si será simplemente un tirano, un caudillo más. El tiempo lo dirá.

Camilo Enciso